Leyla trabajaba como profesora de música en la escuela primaria, siempre con una risa que iluminaba cualquier rincón y una colección interminable de pañuelos llenos de color que cambiaba cada día como si fueran parte de su estado de ánimo.
En un rincón escondido entre montañas suaves y campos de naranjos, se alzaba un pequeño pueblo donde el tiempo parecía detenerse. Allí vivía Timur, un hombre que nadaba en dinero pero se ahogaba en su…


