Me invitó a cenar a su casa y me recibió con una pila de platos sucios: mi respuesta a la «prueba de esposa»
Me estaba preparando para una cita especial. No era un café rápido ni un paseo sin compromisos: era un encuentro con intenciones serias. Él se llamaba David, tenía sesenta años, hablaba con calma y transmitía…


